Esto lo firmo yo, pero lo ha aguantado toda mi familia.
Cagódromo no lo ha hecho una empresa. Lo ha hecho una
persona a ratos perdidos, con una casa alrededor que puso la
paciencia, el café y —sobre todo— la cara cada vez que había
que explicar en qué estaba trabajando. Esta página es para
ellos, y no lleva ni un botón de descarga.
A quién, y por qué
A mi pareja
Por las noches en que la casa estaba en silencio y
aquí seguía la pantalla encendida. Por no preguntar
«¿cuándo lo terminas?» ni una sola vez, que tiene más
mérito del que parece. Y por escuchar la explicación
entera del modelo de datos fingiendo interés.
A mis hijos
Por ser los mejores probadores que ha tenido esta
app: tocasteis todo lo que no había que tocar y así
aparecieron la mitad de los fallos. Y por el chiste
del nombre, que lleváis haciendo desde el primer día
y sigue teniendo gracia.
A mis padres
Por enseñarme que las cosas se terminan, aunque no
salgan perfectas. Por contarle a todo el pueblo que
vuestro hijo hace una app de baños con un orgullo
absolutamente desproporcionado. Ahí empezó el boca a
boca.
A mis hermanos
Por las opiniones sin filtro, que son las únicas que
sirven. Media landing está reescrita porque alguien
dijo «esto no se entiende» y tenía razón.
A mis abuelos
Que no van a instalarse la app, pero que son media
razón de que exista: encontrar un baño accesible y
abierto no es una comodidad cuando lo necesitas de
verdad, es la diferencia entre salir de casa o no
salir.
Y a quien probó y dijo la verdad
Amigos, vecinos y bares del Bajo Guadalquivir que
dejaron mirar el baño, medir la puerta y preguntar si
había cambiador. Sin esa primera tanda de fichas
reales, esto sería un mapa vacío muy bonito.
La versión corta
Que una app que va de baños públicos exista es, en el
fondo, una tontería enorme sostenida por gente que te
quiere lo bastante como para tomársela en serio. Gracias
por tomárosla en serio.
— Salva
¿Quieres contar algo, sugerir un baño o dar por saco con
el nombre? cagodromoapp[at]gmail[dot]com